domingo, 25 de octubre de 2009

El Túnel de Ernesto Sábato

Paranoia

Ernesto Sábato es un autor argentino que nació en 1911 en la ciudad de Rojas, localizada en la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Cabe señalar que Sábato, se dedicó algún tiempo a la investigación nuclear en Francia, aunque lo abandonó más tarde para dedicarse a la escritura y a la pintura.
Entre sus obras se encuentra “El túnel” publicada en el año de 1948. Sábato, aficionado a la pintura, nos cuenta la “historia de amor” de Juan Pablo Castel, un pintor de Buenos Aires (resultaría interesante saber si algún día, Sábato pintó algún cuadro de alguien que escribiera) que se enamora, en unas circunstancias extrañas de María Iribarne.
Desde el principio, Castel cuando comienza su relato nos cuenta cómo terminó todo. Él mató a María. Y ahora nos cuenta cómo sucedió todo. En un salón de arte, él tenía un cuadro al cual llamaba Maternidad. Cuadro en el que se apreciaba una mujer que caminaba en la playa, perdida, al parecer esperando algo. Todo esto a través de una ventana. Todos los críticos señalaban que era un buen cuadro pero ninguno se fijo en el detalle que para él era el más significativo, el de la ventana. Y mientras Castel veía la multitud, observó a una muchacha que contemplaba su obra, y se percató que se fijaba en la ventana. Castel sentía que era una persona incomprendida, y creyó que la muchacha que miraba su cuadro, al percatarse de esa ventana, era la única que sería capaz de entenderlo. Fue así como él se enamoró de María.



Sin embargo, él no sabía quién era ella, ni cómo se llamaba ni mucho menos cómo poder contactarla. En su mente surgieron muchas posibilidades, muchos posibles escenarios acerca de lo que haría en al momento de volver a verla.
Hasta que un día, la vio caminando en la calle y la siguió al interior de un edificio. Ni todo lo que él había practicado en su mente ni ningún dialogo de los que había imaginado le sirvieron. Simplemente se acercó a María y comenzó a decirle todo lo que sentía por ella y a preguntarle por qué se había ella interesado en su cuadro. La información fue mucha para María que simplemente huyó del lugar.
Mas ahora él sabía en donde trabajaba. O al menos eso fue lo que Castel creyó. Y es en este punto en donde empieza la paranoia del pintor. Comienza a preguntarse qué tenía que hacer ella en ese lugar, si trabajaba allí o solamente iría a hacer una gestión.
En los días siguientes iría al edificio para tratar de volver a verla. Y lo hizo. Pero en lugar de acercarse caballerosamente y pedir una disculpa por su último y desafortunado encuentro, simplemente la tomó del brazo y comenzó a hacerle más preguntas. Finalmente le dijo que necesitaba verla nuevamente.
Él le llamó en esa misma noche por teléfono. Fue una conversación muy extraña, sobre todo desde el punto de vista de Castel, notó algo extraño en la forma de hablar de ella y comenzó a imaginar muchas cosas. Al día siguiente de eso, él llamó nuevamente a casa de ella pero le dijeron que no estaba que se había ido al campo, a una estancia con su primo Hunter pero que le había escrito una carta, la cual tenía que pasar a recoger. Castel, fiel a su paranoico pensamiento, empezó a pensar mil cosas acerca de los propósitos de María para visitar a su primo. Fue a recoger la carta y allí conoció a Allende, el esposo de María. María estaba casada y no se lo había dicho. Además, Allende era ciego, así que Castel comenzó a sospechar más acerca de María.
Cuando ella regresó de la estancia fue cuando comenzó el raro romance entre ellos. Se veían a menudo, pero Castel estaba obsesionado con hacerle preguntas a ella, cosa la cual no era de su agrado, y que generaba muchas discusiones entre ellos. Discusiones que cada vez eran más fuertes al grado que terminaba al borde de insultarse mutuamente. Hasta que un día él la cuestionó acerca de su papel con su esposo cose que le resultó nefasta a ella y decidió dejarlo.
Cuando Castel quiso pedirle una disculpa se enteró de que ella había ido a la estancia. Así que él decidió ir a buscarla. Llegó a la estancia sostuvo con María una larga y profunda conversación. Una conversación en la playa en una escena que, según ella la hacía sentirse en medio del cuadro que él había pintado y que había sido la causa que había propiciado todo. En ese instante, obtuvo la confesión que tanto quiso siempre por parte de María. Sin embargo, él estaba demasiado sumido en sus pensamientos y no le prestó atención, pero con lo que escuchó fue suficiente para deducir que ella no era sincera ni en ese momento ni nunca desde que la había conocido.
Escapó, huyó de la estancia a la mañana siguiente, no quiso verla más. Antes de tomar el tren que le llevaría de vuelta a Buenos Aires, anheló que ella hubiese ido a evitar su partida, pero no fue así. Una vez que se encontraba ya en su casa, le escribió una carta y le dijo todo lo que sentía y lo que pensaba acerca de ella, de su manera de engañar a Allende con él y a la vez con Hunter.
Esa misma noche le llamó a la estancia y le dijo que le urgía verla, que si no la veía se iba a matar. Ella accedió a ir a Buenos Aires a la mañana siguiente. Esa misma noche Castel fue a embriagarse en un bar y pasó la noche con una prostituta. En ese momento, y en un estado máximo de paranoia encontró parecido entre la forma de actuar de la prostituta y la de María. Entonces lo único que ahora tenía en mente era que María era una de esas mujeres.
Castel concertó una cita con María, mas ella nunca llegó. Cuando llamó a su casa le dijeron que Hunter le había hablado y que había regresado a la estancia con él. Castel no pudo soportar que lo hubiera abandonado por Hunter. Decidió ponerse en marcha rumbo a la estancia y poner fin a todo esto. Cuando llegó allí descubrió a María y a Hunter caminando, agarrados del brazo.
Castel no soportó más. Con cuchillo en mano entro al cuarto de María y la asesinó. Después regresaría a Buenos Aires y le diría a Allende lo acontecido y se entregaría a la policía.
En una de las reflexiones Castel compara su vida con un túnel, uno oscuro y solitario, y se cuestionaba si María vivía en otro túnel paralelo al suyo o si solamente imaginaba cosas. Ésta es, sin duda, la mejor reflexión que el autor hace acerca de la vida y de cómo nosotros vivimos como si viajásemos dentro de uno y que puede ser largo, corto, tormentoso y podemos encontrarnos con personas que viajan en túneles paralelos al nuestro.
El túnel, un gran libro, bien narrado, que nos cuenta los pensamientos, miedos, paranoias y el vacío que el personaje principal sufre y nos enseña la forma como NO se deben de tratar a la mujeres. Sábato nos regala un libro de lectura de lectura fácil, tediosa en algunos puntos, aunque sin dejar de ser entretenida en ningún momento. La historia siempre avanza de manera correcta y en más de una ocasión nos hace odiar a Castel por sus malas y espontaneas decisiones. Sin duda una lectura recomendable.

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